III. El hombre


Dios por acción directa, creó al hombre a su propia imagen; por lo mismo, ésta es la obra culminante de la creación efectuada por Dios. En el principio el hombre era inocente de pecado y estaba investido de libre albeldrío por su Creador.

Por este libre albeldrío el hombre pecó en contra de Dios e introdujo el pecado a la raza humana. Mediante la tentación de Satanás, el hombre tragredió el mandamiento de Dios y perdió su inocencia original; por esto su posteridad heredó una naturaleza y un ambiente con tendencias a pecar, y tan pronto esa posteridad es capaz de realizar una acción moral, queda bajo posibilidad de convertirse en transgresora de la ley divina y de sufrir la condenación.

Solamente la gracia de Dios puede hacer que el hombre vuelva a estar en santa comunión con Dios.

El carácter sagrado de la personalidad humana es evidente; porque Dios creó al hombre a su propia imagen y porque Cristo murió por el hombre; por lo tanto, cada hombre posee dignidad y merece respeto y amor cristiano.

Versículos

Génesis 1:26-30, 2:5, 7, 18-22, 9:6; Salmo 1:1, 8:3-6, 32:1-5, 51:5; Isaías 6:5; Jeremías 17:5; Mateo 16:26; Hechos 17:26-31; Romanos 1:19-32, 3:10-18, 23, 5:6, 12, 19, 6:6, 7:14-25, 8:14-18; 1 Corintios 1:21-31, 15:19, 21, 22; Efesios 2:1-22, 3:1-11